Iniciado el segundo cuatrimestre del 2008, me decido a embarcar en lo que sería mi primer estación, LA MATERIA 901. Más de uno apelará a la libre deducción para entender el por qué la ubico con mayúscula. Mi costado racional comprendía la importancia de cursar aquella materia, pero mi costado emotivo no podía dejar de desear salir corriendo.
Dentro de nuestro transcurrir como psicólogos, carecemos de una formación fuerte en lo que respecta a lo histórico y legislativo, y de repente encontrarme con tanta información, no hizo más que estresarme y dar lugar a preguntarme ¿ quién me mandó a meterme en esto?. La respuesta vino de inmediato, mi neurosis y mi deseo. Recuerdo como me costaba anudar en modo significativo (me refiero al modo más parecido en que Ausbel denomina aprendizaje significativo) la nueva información con mis saberes previos de la formación académica. Sentí algo muy similar a cuando cursé el CBC, todo me resultaba mucho y nuevo.
Luego de esos cuatro meses de primavera, que se me hicieron de invierno, llegó la bocanada de aire fresco, la tan deseada 902. Fue a partir de su cursada, que pude resignificar muchos de los contenidos abordados en la 901. “Planificación como hipótesis de trabajo”, ese es el modo en que tengo de resumir lo aprendido en Didáctica General. Yo que iba en busca de certezas, me encontré con hipótesis, algo ya me iba indicando que mis preconceptos sobre el rol docente, se irían modificando.
Tercera estación… 903. De ella me llevo ehhhhhhhh, la repetición de los textos vistos en la 902 basados en el intento de que su abordaje tomara los derroteros de simulaciones prácticas. Recalco el tratando. Pasado mi enojo de aquél entonces, pude comprender que aquella materia, me brindó la posibilidad de desarrollar mi capacidad de reflexión sobre la especificidad del rol que se expresa en la función docente del profesor en el campo de la Psicología. Dos instancias de evaluación me parecieron sumamente enriquecedoras, el armado de un programa y la realización de microclases. Estas fueron la primer aproximación a lo que sería mi futura práctica docente.
Y aquí me encuentro, en la última estación, cursando la 904. Plagada de deseos, ansiedad y también de preguntas. La presente materia me convoca a un lugar más activo, de mayor implicación y por ende de mayor desafío. De pasar a ser meramente alumna, sentada en un pupitre, intercambiando ideas con colegas, pase a ser también docente pero sin desconocer que estoy siendo evaluada como alumna. Creo que éste desdoblamiento es el más complicado para mí. ¿Cómo impostar un semblante docente en las realización de las prácticas, sabiendo que no dejo de ser alumna? La respuesta no la tengo, pero luego de haber pasado por la experiencia, sé que de algún modo ésta transcurre.
Me resta pasar por otra estación, por aquella que me brinde herramientas en la comprensión burocrática del sistema educativo argentino. He aquí la gran pregunta ¿sobreviviré al sistema?. La vida misma, me dará la respuesta.
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